Un proyecto de Plaza de Toros de Cali S.A.

Historia de la Plaza de Toros Cañaveralejo.
Así era Cali en 1957

Plaza de Toros de Cali

Antes que una sociedad anónima, la Plaza de Toros de Cali es Cañaveralejo, esa gran empresa que los vallecaucanos y el mundo entero han visto nacer, crecer y sostenerse a lo largo de más de seis décadas de historia, la suya y la de Cali, la capital del Valle del Cauca (Colombia) que guarda como uno de sus hijos más dilectos al escenario de la Calle Quinta

¿Quiénes somos?

La Plaza de Toros de Cali es una sociedad anónima de economía mixta, constituida en 1955 con aportes de personas naturales y jurídicas del sector privado y del sector público.

“Es Cañaveralejo un espacio privado dispuesto siempre a abrirse a la gente, sin distinción de ningún tipo, para que ella pueda acercarse y circular por sus adentros y en sus alrededores. En ese sentido, proponemos una mayor integración y una reconsideración del valor que tiene la Plaza y su nuevo concepto como ‘Arena Cañaveralejo”.

Sociedad Plaza de Toros de Cali

Por encima de los tropiezos y las incertidumbres, primó la fe y la voluntad de quienes tanto aman la Plaza de Toros y con ilusión sueñan con su permanencia en el tiempo, ya sea con una gran corrida toros o un magno concierto musical, pues la Plaza tiene vida gracias a sus asistentes. La rigidez del concreto se llena de energía que moviliza generaciones, desde hace 62 años, y así seguirá siendo por muchas décadas más.

Promotores e impulsores

A la par que nacía esta organización empresarial, Eduardo Buenaventura Lalinde, también se puso en la tarea de llamar a todas las puertas para conseguir los recursos para funcionar. Al final, 2470 acciones quedaron en manos de 78 titulares, entre personas naturales y jurídicas, que más que eso fueron los auténticos artífices de Cañaveralejo. Aquí sus nombres y el testimonio de su confianza y su voluntad de hacer más grande y más importante a la ciudad.

Como lo cuenta la memoria de Cañaveralejo, el 19 de febrero de 1955 fue el punto de partida de la Plaza de Toros y de la Sociedad que se encargaría de hacer realidad el proyecto. Ese día, Ernesto González Piedrahíta, Guillermo Borrero Olano, Luis Eduardo Lourido, Mario Barberi Zamorano, Pepe Estela, Pepe Castoreño, Rafael Prado y Joaquín Paz Borrero, con el decidido respaldo de Evelyn Burrowes de Caicedo, Clara Inés Suárez de Zawadzky, Mery Éder de Garcés y María Caicedo de González Piedrahíta ponen la primera piedra de lo que luego se convertiría en el escenario más importante de la vida cultural de Santiago de Cali.

La Primera Piedra

“En la foto: Jaime Fernández de Soto, Germán Tafur, Angel Castro Borrero, Alfonso Caicedo Roa, Ernesto González Piedrahita, General Alberto Gómez Arenas, María Caicedo de González Piedrahita, Pepe Castoreño, Alfonso Caicedo Herrera, Joaquín Paz Borrero, Hernando Domínguez Sánchez, Jaime Lozano Henao, Carlos Albán Holguín y Evelyn B. de Caicedo.”

La maqueta de Cañaveralejo

De izquierda a derecha. La maqueta de Cañaveralejo bajo la mirada de Hernando Domínguez, Germán Tafur, Pepe Castoreño, Jaime Lozano Henao y Alfonso Bonilla Aragón.

German Tafur y Pepe Castoreño

Dos de los visionarios de la futura Plaza, caminan en el lugar en que ella sería erigida, a comienzos de 1956.

Ernesto González Piedrahita

Criador y uno de los principales artífices de la Plaza de Toros.

María Caicedo de González Piedrahita

Ganadera, junto a su esposo Ernesto, del importante hierro de Las Mercedes.

Jaime Lozano Henao

Presidente de la entonces Junta Promotora de la Plaza de Toros.

Hernando Domínguez

El ganadero y accionista de la Plaza.

Evelyn Burrowes de Caicedo

representante del sector industrial, aficionada y una de las primeras accionistas de la plaza.

Eduardo Buenaventura Lalinde

miembro del grupo de promotores que hicieron realidad el sueño de la Plaza de Toros de Cali.

Alfonso Bonilla Aragón

Bonar, escritor, líder cívico y aficionado de postín, ligado a la historia de Cali y de Cañaveralejo.

Ingeniero Francisco Villaquiran

Los ingenieros Francisco Villaquirán y Gino Faccio de la firma Faccio, Villaquirán & Cía, participaron en el diseño y la construcción de las estructuras de la edificación.

Ingeniero Gino Faccio

Los ingenieros Francisco Villaquirán y Gino Faccio de la firma Faccio, Villaquirán & Cía, participaron en el diseño y la construcción de las estructuras de la edificación.

Ingeniero Doménico Parma

El ingeniero y calculista italiano, Doménico Parma, llegaría a Cali a dirigir con su equipo, la instalación por el sistema B.B.R. de los cables del postensionado para armar el círculo de la obra.

Ingeniero Guillermo Tafur

El ingeniero Guillermo Tafur fue designado por la Junta Directiva como el interventor de la obra.

Pioneros y constructores

Joaquín Paz Borrero, primer Presidente de Plaza de Toros de Cali S.A.

La prueba más contundente de ello es la Plaza de Toros de Cañaveralejo en Cali, esa idea concreta que se le metió en la cabeza a inicios de los años cincuenta del siglo pasado, cuando regresó de un viaje a Europa y puso en marcha de inmediato.

Fue así como sin pausa y sin fatiga, casi que de puerta en puerta y “totuma en mano”, como relata su hijo Mario Paz Casas, este caleño estuvo al frente del proyecto. Para alcanzar los recursos, solo se podía hacer con base en la confianza de sus conciudadanos. Y si algo tenía don Joaquín era fe pública.

El centro de mando de la obra de Cañaveralejo fue en la Carrera Cuarta con la antigua Calle Quinta. Allí ejerció como Presidente de la Junta y, a la vez, Gerente de La Plaza de Toros de Cali S.A

Joaquín Paz Borrero: alma y nervio de la Plaza de Toros de Cañaveralejo

Gerente de la Plaza de Toros 1955

Guillermo González Zuleta, ingeniero creador del proyecto estructural.

Casi desde un principio, González Zuleta tuvo claro que entre sus metas profesionales estaban la realización de grandes obras con difíciles y arriesgadas concepciones estructurales.

Y para lograrlo contaba con una gran capacidad profesional, además de una innata sensibilidad estética y un gran sentido de simplificación y condensación, dicho porsus colegas.

El gestor intelectual de la Plaza de Toros de Cañaveralejo no entendía la ingeniería estructural como un simple ejercicio de dimensionamiento de elementos y colocación de refuerzos, sino que siempre iba unos pasos adelante para así enriquecer la construcción y, de paso, mejorar el proyecto arquitectónico.

Ingeniero Guillermo González Zuleta

Este constructor poseía una intuición digna de aquellos a quienes se les considera los mejores en su rama.

Justificaciones constructivas y de diseño.

“El doctor Guillermo González Zuleta, proyectista y calculista dela obra, explica ante algunos funcionarios e ingenieros, entre los cuales se destaca el reputado matemático caleño doctor Arturo Yusti, la manera como obran las diferentes fuerzas en la sencilla, hermosa y audaz estructura.”

La Plaza viva:

Apartes de la entrevista con el ingeniero, Jorge González González, hijo de Guillermo González Zuleta y actual representante de la firma González Zuleta.

Recuerdo a mi padre como un hombre perfecionista y dedicado, eso quedó retratado en la Plaza de Toros Cañaveralejo.

¿Por qué? Se trata de una estructura sin columnas y con un voladizo de 95 metros de diámetro, algo muy difícil de encontrar en algún otro lugar.

Esa es la innovación que le puso como sello, para diferenciarla de lo que ya había hecho y de lo que haría después.

Inicio del tendido estructural de la Plaza con tecnología de la época

Plaza de Toros

No hubo pieza suelta, así lo constataría el paso del tiempo. Portafolio Estructuras de la firma Guillermo Gonzalez Zuleta con sede en Bogotá.

Cuando ya Cañaveralejo estaba construida, la gente la asoció con una especie de canasto. En ingeniería, ese tipo de estructuras excéntricas tienen un efecto: tienden a volverse ‘chonetas’; es decir, a deformarse.

Y la pregunta que comenzó a rondar en el ambiente fue: ¿qué irá a suceder cuando el público, por ejemplo, se ubique en un solo costado de la plaza? durante las pruebas de carga, previas a la presentación en sociedad de la Plaza, se comportó muy bien.

Una vez la gente comenzó a llenar la Plaza, la estructura se movió con normalidad, pero a medida que fue creciendo, el peso comenzó a moverse al contrario. Es decir, subía en vez de bajar.

Eso al comienzo causó asombro en el equipo, pero pronto se identificó la causa: la gente, al sentarse en sus localidades, había producido sombra sobre la estructura, lo que terminó por causarle enfriamiento. Una vez fría, ella subió. Desde allí la llamaron ‘La Plaza viva’, denominación que para estos tiempos toma más vigencia que nunca.

*Ingeniero estructural Jorge González González, hijo de Guillermo González Zuleta y actual representante de la firma González Zuleta.

pruebas de peso plaza de toros

Días de prueba de cargas con el apoyo del Cuerpo de Bomberos de Cali en 1957.

Julián Guerrero Borrero, diseñador y renovador.

Le ha dejado a Cali, su ciudad natal, proyectos que sirven como referencia de su acelerada transformación. Arquitecto de la casa Josefina de Mejía, el edificio Lugano (1988), la Universidad del Valle, el Palacio Departamental, el edificio Carvajal, el Centro Deportivo Nacional Unidad Deportiva Panamericana y muchos más.

Pero es la Plaza de Toros de Cañaveralejo el punto de partida de esa tarea tan reconocida en Colombia y en el exterior. Esa obra de la que él habla con orgullo y emoción.

Julián Guerrero Borrero, pasó a la historia con su diseño de la Plaza de Toros de Cañaveralejo.

Julian Guerrero Plaza de toros

¿Cómo llega usted, tan joven entonces, al lado de otro hombre que también recién despuntaba en la profesión, para ponerse al frente de semejante reto como era el de diseñar lo que sería la Plaza de Toros de Cañaveralejo?

Recuerdo que fui llamado justo una semana después de terminar mis estudios de arquitectura en la Universidad Nacional de Colombia. Junto a quien sería mi socio por tantos años, Jaime Camacho Fajardo, fuimos requeridos por el ingeniero Guillermo González Zuleta.

Un hombre muy importante ya, una eminencia en el campo de la ingeniería civil. Vale recordar que dentro de sus credenciales tenía a su haber la construcción de la mayoría de estadios de la famosa época de El Dorado.

Yo tenía 23 años para aquel entonces y, mediante una sociedad de hecho, hicimos el trato.

La sociedad del éxito en su oficina en Bogotá: Julián Guerrero Borrero (izquierda) y Jaime Camacho Fajardo (Q.E.P.D), el binomio que imaginó Cañaveralejo. Fotografía del Libro Camacho y Guerrero Arquitectos de Germán Téllez (2018). Fotógrafo Mauricio Ángel 1998 - Revista Diners.

Más trazos y más especificaciones.

¿Qué fue lo que más le sorprendió, acaso que creyera en las condiciones de ustedes, pese a la juventud y la inexperiencia que tenían?

Aparte de eso, lo novedoso del diseño que proponía el doctor González. Se trataba de una especie de copa sostenida por cables de acero postensionados. Que no era una simple ocurrencia. Porque lo que planteaba era el mayor aprovechamiento de un lote pequeño. Entonces, nos pidió que tratáramos de aprovechar al máximo, ya que la última gradería iba a limitar con las fronteras del mismo.

“El resultado fue maravilloso, Cañaveralejo forma parte de mis proyectos estrella”.

Julián Guerrero Borrero

Experto en urbanismo, paisajismo y diseño interior.

Jaime Camacho

Jaime Camacho Fajardo, arquitecto y diseñador

Jaime Camacho Fajardo y Julián Guerrero Borrero se juntaron en las aulas de la Universidad Nacional de Colombia, a inicios de los años cincuenta del siglo pasado en Bogotá. Era el momento para proponer una nueva ciudad, con infraestructuras modernas y a tono con un mundo dispuesto a cambiar. Nacido en Los Ángeles, Estados Unidos, el arquitecto Camacho comenzó a pasar a la historia por su atrevimiento con el ladrillo y por el uso tanto de las líneas rectas como de las inclinadas, para así lograr lo que siempre buscó, la iluminación natural.

Ya en ejercicio académico, Jaime Camacho inculcó entre sus alumnos el espíritu de diseñar libremente espacios cómodos y amplios, con énfasis en los ángulos rectos y bajo el paraguas de la utilización de esa luz ambiente como elemento de belleza en las fachadas.

Historia de un legado: Entrevista de Diego Martinez LLoreda a Mario Paz Casas

Mario Paz Casas no solo fue testigo de cómo su padre, Joaquín Paz Borrero, encabezó el proyecto Plaza de Toros de Cañaveralejo. Muy joven entonces, ayudó en los retoques finales de la obra. De hecho, brocha en mano, se encargó -junto a un grupo de amigos- de señalizar las localidades que ocuparían los espectadores.

Galería de fotos construcción de la Plaza 1957

La construcción de la Plaza de Toros de Cali – Documental

Esta es la historia viva de la Plaza de Toros de Cañaveralejo en imágenes y voces de quienes, a mediados del Siglo XX, convirtieron una antigua ilusión de los caleños en un escenario que durante más de 60 años ha sido punto de encuentro de muchas generaciones y que es Bien de Interés Cultural de la Nación. La misma Plaza que, ahora renovada y en una nueva etapa de su vida, abre sus puertas a todos los públicos y a las más variadas expresiones del arte. Así se hizo Cañaveralejo.

Cali en los años 50

Más caudaloso que el de hoy, podríamos decir también qué Cali es un rio de sueños, casi todos ellos alcanzados a punta de la tenacidad de su cuidadanía.

Cali era entonces un pueblo grande. Y por ratos, un pueblo de pastores. Los muchachos eran dueños de la calle y todo era tan seguro, nadie se preocupaba por ellos. El barrio San Antonio, a las cinco de la tarde, olía a sancocho de guineo.

Galeria: La Cali de la época

En medio de la paz y la tranquilidad en que se movían las gentes, el plan era ir a comer donde Don Carlos (restaurante español sobre la Carrera Primera) y los Crespo, también establecimientos de comida muy reconocidos. Y, ya para los adultos, estaban a disposición los grilles y esa bendita Carrera Tercera a la que se le llamaba Calle del Pecado, con sus bailaderos y demás.

La movida y la entretención estaban en el centro de la ciudad. Los visitantes se hospedaban en el Hotel Alférez Real y los caleños iban a los teatros Municipal e Isaacs, a ver espectáculos de todo tipo y cine a las tradicionales salas del Cervantes, el Columbus y Colón, este último teatro ubicado en el edifico del mismo nombre, el más alto de la ciudad con sus siete pisos, donde funcionaba su famoso grill La Esmeralda.

En la década del cincuenta se inauguró el más moderno y elegante teatro de Colombia para la época, el Aristi, diseñado con estilo art-deco y más de mil sillas, con detalles de los rascacielos y teatros neoyorquinos, epicentro de las personalidades del espectáculo del momento. Mientras el poder local se reunía en clubes como el Colombia, el Club Campestre y el desaparecido San Fernando.

Los primeros atisbos de lo que ya comenzaba a ser una gran ciudad, esa misma que aún era ama y señora de calles semivacías y transeúntes sin prisas

Cali viejo
cali viejo
cali viejo

Se bailaba mambo, guaracha, bolero antillano y, en general, ritmos cubanos. Toda la música llegaba por Buenaventura en la época en que Daniel Santos era el Jefe y la Sonora Matancera, la Billos y Celia Cruz mandaban la parada.

Hotel Aristi

En las casas había fiestas y la gente solía llegar con sus discos en la mano. El caleño promedio sabía bastante de música y se sentía orgulloso de la belleza arquitectónica de la ciudad.

Cali, en plena etapa de desarrollo en la segunda mitad del siglo XX, con pinceladas del pasado en su entorno.

teatro calima cali
centro de cali

Antes se comía solo lo que daba la tierra, siempre con el sancocho, el arroz atollado, los tamales y las sopas como platos tradicionales. Y café, el pandebono y las acemas en las mañanas.

Las reuniones bailables se acompañaban de empanadas. Lengua, sesos y sobrebarriga sobresalían en la cocina vallecaucana, considerada de las mejores del país. Y la fritanguería tenía fama de ser superior en Colombia. Fritar es un arte y los vallunos demostraban, y lo siguen haciendo, que saben de eso, para la muestra los aborrajados.

plaza de caicedo cali

Y los dulces, a lo que luego llamaron postres. En las casas se preparaban de guayaba, mamey, mora, tomate árbol, grosella y hasta de arroz. En Navidad reinaba el manjar blanco. En esas nochebuenas se quemaba pólvora. El 25 era sagrada la reunión familiar a la hora del almuerzo. Por eso los toros debían esperar hasta el 26.

Las colegialas de la época, con uniformes apropiados para sortear el clima y el transporte escolar.

cali buses estudiantes

El otro programa era el fútbol, para ver al Cali y al América, con rivales nacionales y alguno que otro internacional que pasaba por aquí. Y en los colegios no faltaban los campos para practicar ese deporte, tanto como otro de mucho auge, el baloncesto.

El Berchmans, el San Luis y el Santa Librada, el Liceo Belalcázar y el Gimnasio Femenino del Valle competían duro en varias disciplinas. Mientras todos los muchachos, y luego todas las muchachas, soñaban con ingresar a la que había sido Universidad Industrial de Occidente y se había convertido en Universidad del Valle.

Los horarios también eran otros. Nada más, los estudiantes de los colegios iban a almorzar a pie a sus casas y regresaban para la jornada de la tarde. Y no se faltaba a misa en San Pedro, San Nicolás, Santa Rosa y otras.

Ya la ciudad iba cambiando su aspecto y en ese paisaje figuraban los aviones que decolaban y aterrizaban donde hoy está el Parque de la Caña, a la vez que los buses urbanos se volvían indispensables, comenzando por la primera de sus líneas, el Gris San Fernando. Y la famosa ‘Flota escupa’ (la colorada). Los buses llevaban dibujos en la parte de atrás sobre hechos tan trágicos el volcán Etna, el Vesubio o el Titanic.

centro de cali la hermita

Y también la ropa. Cali era mucho más fresca por los bosques que abundaban y porque no había tanto pavimento, hasta el punto que se usaban sombreros y vestidos de paño, que además heredaban padres a hijos y estos a sus hermanos. Mejor dicho, se les daba la vuelta y como nuevos.

Una ciudad con agua y con reina, Jovita Feijoó, a quien le daban boletas de la Plaza de Toros o de cualquier espectáculo que se presentara en la ciudad. Y con personajes tan pintorescos como el Loco Guerra, que se vestía como si fuera un general con muchas charreteras y tenía un vocabulario espantoso.

Jovita Feijo

Con esa nueva ola urbanística, incluida la Plaza de Toros, llegaron otras expresiones de vida y de desarrollo.

No más, al lado de las corridas de toros surgió la Feria de la Caña de Azúcar. Y la entonces Avenida Tres de Julio, que pasó a llamarse la Calle Quinta, vio florecer a sus alrededores proyectos de vivienda y, luego, locales comerciales.

plza de toros

Fue ese momento otro de los grandes pliegues en la historia de una ciudad que, entre 1 de enero de 1900 a hoy, pasó de catorce mil habitantes a casi dos millones y medio.

Más de sesenta años de historia de la capital del Valle del Cauca en las que Cañaveralejo ha sido y seguirá siendo protagonista y testigo.

logo arena cañaveralejo

Cali fue noticia por su Plaza de Toros

El despliegue en los principales diarios de la época, es la mejor muestra de cuánto significó para la Colombia de entonces la aparición de Cañaveralejo como principal escenario de Cali y del occidente nacional. Igual sucedió en la radio, cuando ese medio de comunicación y los periódicos eran portadores de noticias y formadores de opinión. Cañaveralejo fue así, y lo sigue siendo, un hecho de primera plana.

Monumental fue la inauguración:

“La vieja pasión caleña por la fiesta brava, oculta durante varios años por fuerza de las circunstancias, volvió a relucir ayer con todo su esplendor para convertirse en espectáculo impresionante en la tasa de cemento de Cañaveralejo.

Desde las nueve de la mañana comenzó a movilizarse el público hacia la Monumental en búsqueda de los puestos de preferencia. Sobre la Carrera Quince comenzaron a converger horas después vehículos de todos los tipos.

El camino hasta la Plaza estuvo alinderado de puestos de frescos y fritangas, adornados cual más cual menos con motivos toreros mientras iba y venía la interminable fila de vehículos.

A las 3:30 de la tarde, el zodíaco de colores del circo hervía de animación con ligeros claros en los extremos de los tendidos de sol y sombra,  y previa inesperada de un pasodoble españolísimo, bailado por Jovita Feijóo y un espectador desconocido, sonó el clarín para dar comienzo a la corrida.”

Una noticia en los diarios para enmarcar y una obra para asombrar ¨Con las postinera inauguración de nuestra Plaza Monumental, la primera de Colombia y de América del Sur, la cuarta en capacidad en el mundo y la primera por su estilo original y su concepción arquitectónica a base de un funcionalismo audaz¨.
Diario El Relator de Cali, diciembre 1957.

logo arena cañaveralejo

Protagonistas de la Fiesta:

La historia de Cañaveralejo está escrita sobre decenas de grandes tardes de sus protagonistas. Unos, los ganaderos, ejemplo de dedicación y pasión en la cría del toro bravo. Otros, los toreros, artistas dispuestos a eternizar sus arrebatos de inspiración. Todos juntos, empeñados en mantener vigente una liturgia que sobrevive al paso de los tiempos.

Un Patriarca

Ernesto González Piedrahita autor de una tradición ganadera que comenzó con su hierro, Las Mercedes.

Plaza de Toros Cali

La apoteosis

Jornadas inolvidables y premio justo al criador de toro bravo, como en esta oportunidad para el ganadero Ernesto González

Todos a hombros

Eduardo Estela, en el centro de las miradas, como premio a sus tardes de éxito.

Plaza de Toros Cali

Gloria y orgullo

César Rincón, el gran maestro colombiano recibiendo, como tantas veces, el trofeo Señor de los Cristales. Luis Fernando Estela lo acompaña en noche de homenaje a los triunfadores de la Mejor Feria Taurina de América.

Plaza de Toros Cali

El rostro del valor

Santiago Martín, El Viti, figura de España y parte esencial de la historia de Cañaveralejo.

Clase y Bravura

Los criadores y la historia de la bravura de sus hierros: Venus Zarzur de Castro (Alhama), Luis Fernando Castro (Guachicono) y Enrique Álvarez Quelquejeu (Paispamba)

De padres a hijos

Hombres de una saga ganadera. Derecha a izquierda. Antonio José González Caicedo, al lado de sus hijos Antonio y Mauricio González Rincón.

Pasarela:

Por la pasarela de Cañaveralejo han desfilado personajes de toda Colombia, los cuales han hecho arte y parte de la historia de un emblema cultural, artístico, arquitectónico y patrimonial de nuestro país.

Plaza de Toros Cali

El Cordobés

Manuel Benítez con la señorita Colombia 1964, Martha Cecilia Calero

Plaza de Toros Cali

Toreros y reinas

Vásquez II y Paco Camino con Martha Cecilia Calero, Señorita Colombia 1964

Plaza de Toros Cali

Las reinas

Luz Marina Zuluaga, Miss Universo 1959, Luz Karime luz Alhach, Reina nacional de los periodistas y Merceditas Baquero, Reina de las Américas.

Plaza de Toros Cali

Dos figuras

Pepe Cáceres y Santiago Martin El Viti, hicieron historia en Cali.

Material fotográfico
*Archivo del diario El País
*Archivo de la Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero
*Archivo Plaza de Toros de Cañaveralejo
*Archivo privado de la familia Estela
Manuel Varona
Rodrigo Urrego
David Osorio

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